Legítima: ¿derecho de crédito o límite a la libertad de testar?

La legítima, un límite a la libertad de testar o un derecho de crédito

La legítima es uno de los elementos más importantes en el derecho de sucesiones. Pero no por eso deja de generar dudas. Este importante derecho deja fuera de la libertad para testar ciertos bienes, que quedan atribuidos a determinados familiares del causante por razón de su parentesco.

Tales familiares quedan definidos como herederos forzosos, precisamente por la incapacidad del causante de alejarlos de su herencia, salvo cuando concurran causas de incapacidad para suceder (como la indignidad) o de desheredación.

Sobre la legítima se han escrito ríos de tinta, así que vamos a centrarnos en explicar su naturaleza jurídica desde la perspectiva de la siguiente dicotomía: ¿Se trata de un límite a la libertad de testar o de un derecho de crédito?

El sistema de legítimas español

En nuestro ordenamiento jurídico, los herederos forzosos tienen ciertos derechos sucesorios ex lege. Es decir, sus derechos se basan meramente a su atribución en el Código Civil y a su relación de parentesco con el fallecido.

Quiénes sean los herederos forzosos y cuáles sus derechos sucesorios dependerá principalmente de qué parientes concurran a la herencia. Así, conforme al artículo 807 de este texto, son herederos forzosos:

  1. Los hijos y descendientes, respecto de sus padres y ascendientes.
  2. A falta de estos, los padres y ascendientes respecto de sus hijos y descendientes.
  3. En todo caso, el cónyuge supérstite, que lo será en concepto de usufructuario.

En definitiva, en nuestro ordenamiento existe un sistema de herederos forzosos similar al de la herencia abintestato, en la medida en que se establece una cascada a través de la cual se va transmitiendo el derecho de crédito que es la legítima hasta que alguien es designado heredero forzoso.

La legítima de los hijos o descendientes

Los hijos tienen derecho a recibir, por partes iguales y en todo caso, un tercio de la herencia del causante. Esta es la llamada “legítima estricta” o “legítima corta”.

Además, otro tercio de la herencia quedará reservada a ellos, con la diferencia de que el causante podrá distribuirla como desee. Esta es la llamada “legítima larga” o “tercio de mejora”.

En definitiva, cuando existan hijos o descendientes del causante en el momento de su fallecimiento, dos tercios del caudal hereditario quedarán fuera de su poder de disposición.

Bien es cierto que el tercio de mejora podrá distribuirlo como quiera el causante, pero solo entre sus herederos forzosos.

La legítima de los padres o ascendientes

Solo en caso de que el causante no tenga hijos serán herederos forzosos sus padres o ascendientes. Para estos reserva el art. 809 del Código Civil una porción del haber hereditario que dependerá de su concurrencia o no con un cónyuge supérstite.

  • Así, cuando concurran con el cónyuge viudo tan solo recibirán la tercera parte de la herencia en concepto de legítima.
  • Pero si no concurrieran con tal persona recibirán la mitad de la herencia.

La legítima del cónyuge supérstite

El artículo 834 del Código Civil (y siguientes) regula la legítima del cónyuge viudo, que también dependerá de los herederos forzosos con quienes concurra.

  • Así, si concurre con hijos o descendientes tendrá derecho al usufructo del tercio de mejora.
  • En caso de concurrir con ascendientes, su usufructo se extenderá a la mitad del haber hereditario.
  • Por último, si el cónyuge viudo fuera el único heredero forzoso, su usufructo se extenderá a dos tercios de la herencia.

Como se puede comprobar, la legítima del cónyuge supérstite siempre consiste en un derecho de usufructo. Además, perderá este derecho en caso de haberse separado del causante (legalmente o de hecho).

La cautela sociniana

Relacionada con este aspecto está la cautela sociniana (o gualdense), de extendido uso en nuestro país.

Esta disposición testamentaria extiende el usufructo del cónyuge viudo sobre la totalidad de la herencia.

Además, estipula que si los hijos la impugnan tan solo recibirán lo que por legítima estricta les corresponda.

La naturaleza de la legítima

Generalmente se considera que el testamento es un acto de libre voluntad. Antes de nuestro Código Civil, de hecho, se planteaba el principio “caput atque fundamentum intellegitur totius testamenti heredis institutio”. Que significa que “la institución de heredero es principio y fundamento de todo testamento”.

Así, tradicionalmente se ha entendido que el testamento debía interpretarse conforme a la voluntad del testador. Y así se hace hasta hoy… con un límite.

Tal límite no es otro que la legítima, definida como “la porción de bienes que el testador no puede disponer por haberla reservado la ley a determinados herederos, llamados por esto herederos forzosos”.

Esta definición configura una norma imperativa. Y como tal, no puede ser conculcada por un instrumento privado como es el testamento.

Se trata de un contrapeso cuyo origen se encuentra en la protección de la familia, y nada puede hacer el testador contra ella salvo desheredar, siempre que concurran las causas legales para ello, a sus legitimarios.

Así, la legítima se configura como un límite a la libertad de testar sin ningún lugar a dudas.

¿Pero, puede ser considerada un derecho de crédito?

Entendemos que sí puede considerarse como un derecho de crédito a favor de los herederos forzosos.

De hecho, el Código Civil permite en su artículo 825 la posibilidad de entregar la mejora en vida a modo de donación. Del mismo modo, el art. 924 permite a los hijos del legitimario premuerto heredar en su lugar por representación. Incluso podrían adquirir el ius delationis conforme al art. 1006 Código Civil.

En definitiva, desde la perspectiva del heredero forzoso la legítima puede considerarse un derecho de crédito. Uno, además, que puede llegar a transmitir a sus descendientes e incluso a defender mediante la impugnación del testamento que no lo respete.

Por supuesto, estos aspectos pueden parecer sutilezas jurídicas. Pero desde Cerrillo Gómez Boutique Law Firm nos recuerdan que este tipo de situaciones son las que pueden resultar determinantes a la hora de repartir o impugnar un testamento.

Este es el motivo por el que resulta fundamental ponerse en manos de especialistas en derecho de sucesiones cuando hay que resolver una herencia. Y es que el derecho de sucesiones es una de las ramas más complejas de nuestro ordenamiento jurídico.